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Snowstorm mask, Montreal, Canada, 1939

La actriz estadounidense Geraldine Chaplin. VASCO SZINETAR

Con el filósofo Émil Cioran VASCO SZINETAR

El escritor mexicano Juan Villoro. VASCO SZINETAR

El escritor portugués José Saramago, en 1997. VASCO SZINETAR

El músico estadounidense Dizzy Gillespie. VASCO SZINETAR

El escritor británico Salman Rushdie. VASCO SZINETAR

El poeta chileno Nicanor Parra. VASCO SZINETAR

El escritor hispanoperuano Mario Vargas Llosa. VASCO SZINETAR

El escritor argentino Jorge Luis Borges. VASCO SZINETAR

El periodista estadounidense Gay Talese. VASCO SZINETAR

El filósofo español Fernando Savater. VASCO SZINETAR

El escritor mexicano Carlos Fuentes, en 1986. VASCO SZINETAR

Umberto Eco. VASCO SZINETAR

El escritor colombiano Gabriel García Márquez. VASCO SZINETAR

La indígena guaraní Valdelice Veron daba la bienvenida a esta noticia con estas palabras: "Podremos beber agua de nuestra tierra de nuevo. Podremos empezar de cero". Empezar de cero es lo único que piden los guaraníes. Empezar de cero es el sueño que albergan desde hace demasiado tiempo. Ya es hora de que abramos los ojos y dejemos de ignorar el expolio de este pueblo.

Pero los guaraníes no se rinden, y con su empeño están logrando que quienes pisotean sus derechos de forma constante lo tengan cada vez más difícil. La última victoria se dio a conocer esta semana con el anuncio de Shell de que una empresa de biocombustibles de su propiedad dejará de producir caña de azúcar en tierra arrebatada a los guaraníes.

A las muertes violentas hay que sumar la lacra de suicidios sin igual que asola a los guaraníes brasileños. Desde 1981 más de 625 guaraníes se han quitado la vida. La más joven tenía sólo nueve años. Esta epidemia es consecuencia de la devastación que sufre este pueblo indígena por la pérdida de sus tierras.

Pistoleros contratados por los ganaderos o los propietarios de las plantaciones de caña de azúcar que ocupan las tierras de los guaraníes asesinan con regularidad a los líderes de este pueblo indígena. "Esto que ves aquí es mi vida, mi alma. Si me separas de esta tierra, me quitas la vida", dijo el líder Marcos Veron poco antes de que lo mataran tras un nuevo intento de "retomada".

Apretujados en minúsculas reservas y sufriendo consecuencias sociales devastadoras, muchos guaraníes han intentado recuperar pequeñas parcelas de su tierra ancestral. Los poderosos e implacables terratenientes que ahora ocupan sus tierras se han opuesto violentamente a estas "retomadas".

La deforestación ha convertido el que una vez fuera el fértil hogar de los guaraníes en una inmensa extensión de haciendas de ganado y plantaciones de caña de azúcar que abastecen el mercado de biocombustibles. La industria de biocombustibles de Brasil es una de las más potentes del mundo, sí, pero está manchada de sangre indígena.

3/9 La mayoría malviven hacinados en pequeñas parcelas de tierra rodeadas de haciendas de ganado y de extensos cultivos de soja y caña de azúcar. Algunos hasta carecen de estos diminutos terruños y se ven forzados a acampar en los bordes de carreteras y caminos. Su fuerza en número -con unos 46.000 integrantes, son el pueblo indígena más numeroso de Brasil- no ha sido suficiente para evitar su despojo.