María Antonieta tuvo que montar en una carreta o carro, donde se sentó en un tablero grosero junto a un sacerdote Constitucional (que había tomado el juramento cívico), la única especie de clero ahora permitirá asistir a los prisioneros. Conocer los sentimientos del pueblo, María Antonieta temía que pudieran atacar y su despedacen antes de que pudiera llegar al andamio.